CRÍTICA: CREATIVE CONFIDENCE (CONFIANZA CREATIVA)

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Tan pronto como el empleado de mi tienda online más cercana estaba introduciendo el libro en el sistema, estaba yo pidiéndolo. Es de esos libros que hay que leer en versión original, y sin demora, ya que su contenido caduca. Caduca como todo lo que se produce ahora, no hay tiempo para asimilar, solo para tragar. A éste le tenía muchas ganas.

“Confianza creativa”, el sagrado grial de cualquier creativo. Todos tenemos un montón de ideas en un cajón, a medio terminar, que por desconfianza, o por tiempo, están inacabados. Cuando lo desenvolví, pasé las yemas de los dedos suavemente por la portada para no estropearlo, y volví la tapa suavemente.

Repulsa, asco, desdén. Lo que sentí cuando empecé a leer el libro. Tom y David Kelley de Ideo eran heroes míos cuando estaba en mi infancia creativa, el bigote se les está subiendo a la cabeza. ¿Que mierda es esta? Solo han escrito sobre los proyectos desarrollados con ayuda de Ideo. No dice nada de confianza, ni de creatividad, todo sea dicho.

Solo por ser ellos, le di otra oportunidad y continué leyendo el libro desconcertado. La repulsa, asco y desdén pasaron a la confusión. Todavía no acertaba a comprender que tenían que ver sus proyectos y experiencias con la confianza creativa, con el continuar con tu idea que nadie más ve.

La confusión pasó unas (cuantas) hojas más tarde a aclaración. Empezaba a ver lo que pasaba con el libro. Estaban describiendo su método. Cómo llegan ellos a ideas creativas, su método científico de la creatividad. Si aplicas bien éste método, eso, junto con tus prácticas, te dará la confianza creativa necesaria para llevarla a cabo. Creer en tus ideas y tu filosofía hará que tengas confianza creativa.

VOY A VIVIR PARA SIEMPRE

Había una vez un sargento americano, que nada más levantarse cada mañana, lavaba a mano sus calcetines y los tendía de un cordel en su barracón. Cuando un reportero le preguntó si tenía miedo a morir en combate, le dijo que no, que él iba a vivir para siempre, que no podía morir, ya que tenía que lavar sus calcetines al día siguiente.

Un poco en ese espíritu, decidí comenzar a hacer algo todos los días. Lavar los calcetines, me pareció demasiado elaborado, así que, intenté pensar en algo que ya hago todos los días. Todos los días me levanto, me ducho, meo, cago, como, bebo, me lavo los dientes, me tomó un café… ¿Por qué no hacer algo con el café?

Y decidí colgar en la red Instagram el café que me tomo todos los días con el hashtag #cafediario. Los únicos requisitos es que sea del café que me vaya a tomar, que cada día sea diferente y que requiera de una cierta elaboración.

De paso consigo varias cosas:

– Usar Instagram, la plataforma perfecta para este proyecto, intentar comprender por qué se usa tanto y si me puede aportar visibilidad como creativo.

–  Me obliga a pensar en qué foto hacer cada día, un minireto diario de creatividad. Mantener el cerebro alerta. Desarrollar toda la creatividad que pueda sobre una misma cosa.

– No hacer un video de “un hombre ha hecho una foto de su cafe diario durante 12 años”. No, no quiero banalizar el esfuerzo diario en hacerlo en un video de de 60 segundos que da 15 minutos de fama. Cuando acabe, habrá acabado. Es un ejercicio para desarrollar la creatividad, no el ego.

– Por último, vivir para siempre, por que tengo algo que hacer al día siguiente.

PD: Al principio, pensaba que a la semana no sería capaz de continuar con mis fotos, pero la verdad que tener un poco de estimulación cerebral todos los días es incentivo suficiente para seguir haciéndolo. Tener el hábito creativo.

LA IDEA PERFECTA.

1336056_59677195Durante años y años, desde que empecé a trabajar en el diseño y creatividad, he intentado buscar la idea perfecta, la que lleva al diseño sin fallos, sin fisuras. Esa idea que viene de la mera inspiración. La idea que es totalmente inesperada y original. La idea que no se parece a nada a lo que existe hasta la fecha. He sido un idealista, y lo sigo siendo de cierta manera, ya que me sigo dedicando a las ideas. He sido un idealista inocente, hasta un día que un encuentro casual hizo que abriese los ojos.

Estaba viajando solo en tren desde un pequeño pueblo en el corazón de Malasia, hasta Kuala Lumpur, su capital. Por alguna razón mi compañero de asiento, un polvoriento hombre local de tez gastada y yo comenzamos a hablar.  Comenzó a contarme sobre su trabajo como vendedor de ropa. Compraba en otros países camisas y pantalones y los vendía en Kuala Lumpur al por mayor. Por un momento pensé que estaba intentando convencerme para que comprase un par de vaqueros, pero solo estaba haciendo conversación.

Así que no me quedó más remedio que contarle sobre mi profesión de diseñador. Se sorprendió mucho y me dijo que yo era alguien muy afortunado. De acuerdo a mi nuevo amigo, es dios, quien expresándose a través de mi, me convierte en creativo. Así que, el agnóstico en mí, emergió sin frenos. En vano, le intenté explicar que es meramente un trabajo. “No tiene nada que ver con dios, o con una musa misteriosa..”, le respondí, “eres creativo a través de la experiencia, el trabajo, y la investigación”. El hombre me miró con cara de estupefacción mientras seguíamos discutiendo. Sin pensarlo mucho, era la primera vez, que podía explicar como llegar a la idea perfecta. Eso que llevaba muchos años buscando por la vía equivocada. Que aquél afable hombre, insinuase sin querer, si realmente hago o no mi trabajo me abrió los ojos. Nos hicimos tan amigos en el corto viaje que me enseñó una foto con su mujer y su hija. Cuando yo no tuve ninguna foto que enseñarle, se sorprendió que a mi edad estuviese todavía soltero, aunque esa fue otra conversación.

Con los años me he dado cuenta, que no hay ideas “por generación espontánea”, más bien, necesitas un punto de partida para que funcione. Donde quieres ir, y desde donde. Además de tener en cuenta las herramientas que vas a usar. Y como no, experiencia para discernir sus rastros, cazándola a través de los bosques de tu cerebro. Cazando la presa escurridiza.

Y esto es lo que he estado haciendo durante estos últimos 10 años.