PROYECTOS EN EL CAJÓN: UMI

Esta es la primera entrada sobre proyectos e ideas que bien sea por tiempo, dinero o cualquier otra cosa empecé a desarrollar y no terminé. Los comparto para que otra persona quizás pueda recoger el testigo y pueda terminar de desarrollar la idea, o para que sirva de inspiración de otras.

La idea para Umi (océano en japonés), me surgió al escuchar a uno de los patrocinadores en un concurso de startups. En él, los patrocinadores seleccionaban un par de startups para tutelar y ayudar en su desarrollo.

Uno de los patrocinadores era una empresa de cruceros. Mientras su representante iba desgranando lo que buscaban en una startup para invertir en ella, se me ocurrió Umi. Yo iba para intentar potenciar owleer, otra de mis iniciativas, y terminé presentando las dos ideas, owleer y Umi.

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¿Qué es Umi?

Umi es una aplicación de comunicación e información para los pasajeros de cruceros. Umi funciona como una aplicación móvil. El pasajero se la descarga en su propio móvil o se le proporciona un dispositivo digital en alquiler. Con esta herramienta, el pasajero tendrá la capacidad de comunicarse con otros pasajeros abordo de su viaje, así como consultar información sobre el barco y sus destinos.

A su vez, Umi proporciona al proveedor del crucero, información anónima de las actividades de los pasajeros, que partes del barco visitan, que actividades realizan, qué información se consulta más a menudo.

¿Cómo funciona Umi?

En alta mar no hay cobertura telefónica, pero sí se pude ofrecer una intranet wifi, a la que se conectarían todos los terminales y donde se puede alojar toda la información sobre los lugares de visita, así como registro de los datos de los ocupantes. También se puede hacer utilizando la señal de internet vía satelite que usan ya los barcos, pero estimamos que en cruceros grandes y largos el tráfico de datos sería demasiado grande.

Ejemplo de Crucero con Umi

El primer día, al llegar al camarote, la pareja que está en luna de miel, encuentra una tarjeta ( o bien se le ha proporcionado con su billete) donde le explica cómo utilizar Umi y les provee de su clave. Dicha clave, proporciona a la aplicación, información sobre el número de habitación, barco, destino y fecha, de modo que al iniciarla se encuentra personalizada con el destino y el barco.

El identificador del usuario pasará a ser el número de camarote mas un número dependiendo de las personas que quieran utilizarla en dicho camarote (en dicho caso dos).

Deciden que hombre se queda descansando un rato en la cama mientras ella usa la aplicación para explorar las zonas más interesantes del barco. En cada zona, la aplicación registra la localización de la mujer y la información que consulta. El marido se levanta de su siesta y decide ir en su busca, así que usa Umi para saber donde está. Introduce el número de habitación y le señala que está en la piscina de cubierta. La aplicación le traza el itinerario a seguir hasta la piscina para reencontrarse con su mujer. Todo esto va dejando en el servidor información anónima (Umi solo registraría el viaje y número de camarote, nunca el nombre ni datos personales) sobre las costumbres de los viajeros.

En la piscina de cubierta conocen a otra pareja en luna de miel, así que les añaden a su Umi, para poder realizar actividades juntos y no perderse la pista.

Además de como localizador, la pareja puede, através de Umi, informarse de las actividades a bordo, apuntarse en ellas directamente, y tener información sobre los sitios turísticos de las ciudades además de la opinión de otros visitantes del crucero sobre sitios de interés.

Al finalizar el crucero y llegar la hora de desembarque, la aplicación propondrá una encuesta de satisfacción, y un poco más tarde, o tan pronto como se desconecten de la red del barco, se desactivará y aunque vuelvan a insertar su clave ésta ya no funcionará, ya que se da por finalizado el servicio.

CRÍTICA: CREATIVE CONFIDENCE (CONFIANZA CREATIVA)

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Tan pronto como el empleado de mi tienda online más cercana estaba introduciendo el libro en el sistema, estaba yo pidiéndolo. Es de esos libros que hay que leer en versión original, y sin demora, ya que su contenido caduca. Caduca como todo lo que se produce ahora, no hay tiempo para asimilar, solo para tragar. A éste le tenía muchas ganas.

“Confianza creativa”, el sagrado grial de cualquier creativo. Todos tenemos un montón de ideas en un cajón, a medio terminar, que por desconfianza, o por tiempo, están inacabados. Cuando lo desenvolví, pasé las yemas de los dedos suavemente por la portada para no estropearlo, y volví la tapa suavemente.

Repulsa, asco, desdén. Lo que sentí cuando empecé a leer el libro. Tom y David Kelley de Ideo eran heroes míos cuando estaba en mi infancia creativa, el bigote se les está subiendo a la cabeza. ¿Que mierda es esta? Solo han escrito sobre los proyectos desarrollados con ayuda de Ideo. No dice nada de confianza, ni de creatividad, todo sea dicho.

Solo por ser ellos, le di otra oportunidad y continué leyendo el libro desconcertado. La repulsa, asco y desdén pasaron a la confusión. Todavía no acertaba a comprender que tenían que ver sus proyectos y experiencias con la confianza creativa, con el continuar con tu idea que nadie más ve.

La confusión pasó unas (cuantas) hojas más tarde a aclaración. Empezaba a ver lo que pasaba con el libro. Estaban describiendo su método. Cómo llegan ellos a ideas creativas, su método científico de la creatividad. Si aplicas bien éste método, eso, junto con tus prácticas, te dará la confianza creativa necesaria para llevarla a cabo. Creer en tus ideas y tu filosofía hará que tengas confianza creativa.

VOY A VIVIR PARA SIEMPRE

Había una vez un sargento americano, que nada más levantarse cada mañana, lavaba a mano sus calcetines y los tendía de un cordel en su barracón. Cuando un reportero le preguntó si tenía miedo a morir en combate, le dijo que no, que él iba a vivir para siempre, que no podía morir, ya que tenía que lavar sus calcetines al día siguiente.

Un poco en ese espíritu, decidí comenzar a hacer algo todos los días. Lavar los calcetines, me pareció demasiado elaborado, así que, intenté pensar en algo que ya hago todos los días. Todos los días me levanto, me ducho, meo, cago, como, bebo, me lavo los dientes, me tomó un café… ¿Por qué no hacer algo con el café?

Y decidí colgar en la red Instagram el café que me tomo todos los días con el hashtag #cafediario. Los únicos requisitos es que sea del café que me vaya a tomar, que cada día sea diferente y que requiera de una cierta elaboración.

De paso consigo varias cosas:

– Usar Instagram, la plataforma perfecta para este proyecto, intentar comprender por qué se usa tanto y si me puede aportar visibilidad como creativo.

–  Me obliga a pensar en qué foto hacer cada día, un minireto diario de creatividad. Mantener el cerebro alerta. Desarrollar toda la creatividad que pueda sobre una misma cosa.

– No hacer un video de “un hombre ha hecho una foto de su cafe diario durante 12 años”. No, no quiero banalizar el esfuerzo diario en hacerlo en un video de de 60 segundos que da 15 minutos de fama. Cuando acabe, habrá acabado. Es un ejercicio para desarrollar la creatividad, no el ego.

– Por último, vivir para siempre, por que tengo algo que hacer al día siguiente.

PD: Al principio, pensaba que a la semana no sería capaz de continuar con mis fotos, pero la verdad que tener un poco de estimulación cerebral todos los días es incentivo suficiente para seguir haciéndolo. Tener el hábito creativo.

LA IDEA PERFECTA.

1336056_59677195Durante años y años, desde que empecé a trabajar en el diseño y creatividad, he intentado buscar la idea perfecta, la que lleva al diseño sin fallos, sin fisuras. Esa idea que viene de la mera inspiración. La idea que es totalmente inesperada y original. La idea que no se parece a nada a lo que existe hasta la fecha. He sido un idealista, y lo sigo siendo de cierta manera, ya que me sigo dedicando a las ideas. He sido un idealista inocente, hasta un día que un encuentro casual hizo que abriese los ojos.

Estaba viajando solo en tren desde un pequeño pueblo en el corazón de Malasia, hasta Kuala Lumpur, su capital. Por alguna razón mi compañero de asiento, un polvoriento hombre local de tez gastada y yo comenzamos a hablar.  Comenzó a contarme sobre su trabajo como vendedor de ropa. Compraba en otros países camisas y pantalones y los vendía en Kuala Lumpur al por mayor. Por un momento pensé que estaba intentando convencerme para que comprase un par de vaqueros, pero solo estaba haciendo conversación.

Así que no me quedó más remedio que contarle sobre mi profesión de diseñador. Se sorprendió mucho y me dijo que yo era alguien muy afortunado. De acuerdo a mi nuevo amigo, es dios, quien expresándose a través de mi, me convierte en creativo. Así que, el agnóstico en mí, emergió sin frenos. En vano, le intenté explicar que es meramente un trabajo. “No tiene nada que ver con dios, o con una musa misteriosa..”, le respondí, “eres creativo a través de la experiencia, el trabajo, y la investigación”. El hombre me miró con cara de estupefacción mientras seguíamos discutiendo. Sin pensarlo mucho, era la primera vez, que podía explicar como llegar a la idea perfecta. Eso que llevaba muchos años buscando por la vía equivocada. Que aquél afable hombre, insinuase sin querer, si realmente hago o no mi trabajo me abrió los ojos. Nos hicimos tan amigos en el corto viaje que me enseñó una foto con su mujer y su hija. Cuando yo no tuve ninguna foto que enseñarle, se sorprendió que a mi edad estuviese todavía soltero, aunque esa fue otra conversación.

Con los años me he dado cuenta, que no hay ideas “por generación espontánea”, más bien, necesitas un punto de partida para que funcione. Donde quieres ir, y desde donde. Además de tener en cuenta las herramientas que vas a usar. Y como no, experiencia para discernir sus rastros, cazándola a través de los bosques de tu cerebro. Cazando la presa escurridiza.

Y esto es lo que he estado haciendo durante estos últimos 10 años.